En mi largo andar y andar
De bohemio sin constancia
Trabajo me fui a pedir,
A Marylian, una estancia.
Fue para un día de abril
De una mañana serena,
Y hable con el mayordomo
Don Horacio Arozarena.
Al hombre me presente
Ahí nomás mis condiciones,
No tenia pretenciones,
Solo quería trabajar
Para poder apechugar
La vida y sus revolcones.
El enseguida advirtió
En mi la sinceridad,
Venia de una amistad
En tren de recomendao
Y me dijo, cuando guste,
Del momento esta tomao.
De ese día a otros pocos
Ya comencé a trabajar,
Me mandaron a arrancar
Unas hojas de alcaucil
! A la flauta compañero
Que manera de sufrir!
Había quedao abombao
No me venían posturas,
Piernas, brazos y cintura
Me quede como embarado
El capataz me grito,
! Que se queda ahí haciendo!
Que iba ser ..seguí sufriendo!
Algún día ira a cambiar.
Al otro día bien temprano
Una azada me entregaron
Y a carpir ahí me mandaron
Y me toco la aliviada
Pues mi cuerpo descanso algo
De la anterior baqueteada,
Pero al fin me acostumbre
Con el transcurrir del tiempo,
El trabajo ya no lo siento
Y cariño le cobre,
Como de albañil algo se
Unos días me mandaron
Con don maru, hombre baqueano,
A reparar con cemento
Y revestirlos por dentro
A unos tanques australianos.
Salí con un charré
A la obra en cuestión,
Y ataba el mancarrón,
En algún poste cercano,
Y con ladrillos nomás,
Ya hacíamos el pasamanos.
Y así sucesivamente
Los días fueron pasando,
El de oficial, yo alcanzando
Los materiales precisos
Hasta que el trabajo se hizo
Con prolijidad y esmero,
Volviendo luego a la chacra
Con mis otros compañeros.
En una cocina grande,
Nos reunimos por la noche
Y con algunos amigos,
Al día le ponemos broche,
Con cantos y guitarreadas
Y verseadas de mi flor,
Eso amigo es un primor
Después de cada tarea
El espíritu desea
Un poco de distracción.
Los que siguen con frecuencia
El curso de estas veladas
Son amigos, camaradas,
Dueños de una gran decencia,
Con muchachos de conciencia
Tengo yo que compartir,
Todos somos de esa escuela
Tan dura, la de sufrir.
En un ambiente cordial
Donde se juega una broma,
Sin que por eso haga daño
Se encuentran, cejas y Caamaño,
Un mozo llamado Omar
Que nobleza en su alma lleva,
También torres y don nievas,
Que suelen participar
De estas tertulias camperas,
Que tanto saben gustar.
También saben concurrir
Los puesteros de la estancia,
Dos paisanos de arrogancia
Capaces como el que mas,
De bolear un charabon
Pa´mostrar habilidad,
Afirmársele a un sotreta
O a un redomón enfrenar.
Quiero destacar aquí
Que voy arrollando el lazo,
Que este paria ya se aleja,
Valla para acuña y cejas
Un muy fraternal abrazo
Y disculpen amigazos,
Que sean pobrones mis versos
Pues reciencito ahora veo,
Que criollazos de este temple
Merecen mejor floreo,
Al momento me despido,
Poniendo punto final
A esta etapa de mi vida,
De peón en
De ese criollo tan leal,
Don Horacio Arozarena;
De el; me despido con pena,
Y no lo puedo negar,
A otro rumbo iré a buscar
Lo que tal vez no consiga,
Remedio pa´ mi alma herida
Y consuelo pa´ mi mal,
Y con la misma humildad,
Con la que llegue un día,
Así, y con melancolía
También me he de alejar.
Nada hará cambiar en mi
La forma de proceder,
La vida da muchas vueltas,
Tal vez tenga que volver.
Y como aquella mañana
Que me vine a presentar,
Solito y sin pretensiones,
Te digo, ¡adiós marylian!
Escrito un 10 de noviembre de 1965
Dedicado al gran criollo de ley, don Horacio Arozarena
Afectuosamente este humilde presente.
Horacio j. Zarauz
Qué mas puedo decir que gracias, a quien dedicó humildemente estos versos a mi padre, es un orgullo que me ha regalado mi hermano quien los atesoró hasta hoy.
Gracias Nacho.



4 comentarios:
ME PARECIÓ GENIAL!!!
SALUDOS
Poeta:que lindo recuerdo¡¡y cuantas cosas encierra,amistad,sinceridad con solo mirar a los ojos,una historia de vida.Gracias por compartirlo con nosotros.
La simpleza de la gente de campo,
es hermoso!!!
Patricia.
Sólo se puede decir que es una maravilla. Qué orgullo deben sentir los hermanos al llevar en la sangre a este HOMBRE
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