miércoles 14 de octubre de 2009

CUATRO PARA LAS ONCE

Maldigo siempre la hora que me pasaron a detective, si bien desde chico fantaseaba con serlo, ahora que era mi obligación era una carga, mas aun teniendo por sobre mis hombros una ferviente imaginación, no reniego, pues algunos casos los había resuelto gracias a mi forma de ser.
La mañana, apacible como todas las de primavera, me sorprendió en un sueño hermoso, donde la mujer de mi vida, me había amado como desaforada, y pensar que hace una semana que no la veo…, pero, como todo sueño termina abruptamente, y de esa forma me despertó la alarma de mi Celular.
Siempre sospeche que este aparatito me iba a arruinar la vida, y hoy, comenzó haciéndolo al sacarme de ese sueño tan ..., tan…, bueh…,he de atenderlo, pensé. Saque pesadamente la mano debajo de la sabana y al tanteo llegue hasta el, se sacudía como poseído, mas que vibrar, cabalgaba sobre la tapa del libro que estuve leyendo antes de dormirme.
Nietzche, buen somnífero, descubrí casi sin querer, y eso era desde hacia dos meses, pensar que el pobre Federico ni sabe lo que significa para mi. De la garganta maltrecha por el último cigarrillo, acompañado por el religioso whisky, apenas soltó un hola, después de descubrir que botón tenia que tocar para atender, del otro lado, la siempre fresca voz del Sargento Rivas, el que me saludó como si fuera el titular del único numero ganador de la lotería de navidad.
Al fin, después de escuchar una sarta de sandeces relacionadas con el partido de fútbol de la noche anterior, me comento que, para las 10 (faltaba escasamente 1 hs.), los 4 sospechosos de la violación, seguida de asesinato, de la piba de la facultad, estarían dispuestos para el interrogatorio, que los iban a tener sentaditos frente a mi oficina, previamente ablandados y correspondientemente asustados…, mal hecho, pensé, pero que hacerle, los muchachos tienen que divertirse en algo desde las 8…
Llegue a la estación de policía, y me apoye en el mostrador de la guardia, desde ahí, se veía claramente a 4 personas sentadas frente a mi oficina. Mientras Rodríguez, oficial de guardia, casi como acto reflejo me alcanzo un vaso de café, con la sola voz de, OTAMENDI, su café. Como escudado en el vapor que salía del vaso, agudicé la vista tratando de formarme una opinión de cada uno de los ahí sentados.
Es bueno que no sepan que yo soy el que va a interrogarlos, supuse, y me llamo la atención la postura despreocupada del mas corpulento, no mas de 50 años, pinta de padre de familia, cara de bonachón, algo desprolijo en su vestimenta, posiblemente sea también algo bohemio, dado que pelo, mas largo de lo acostumbrado para un cincuentón, pasaba tras sus orejas y hacia una onda, al igual que la parte de atrás, bohemio de los 70, inferí, tenia un libro en la mano, y en su bolsillo superior de la camisa, asomaban unos lentes, corto de vista…,algo no andaba bien, la escena del crimen era oscura, el tipo corto de vista, anteojos en un forcejeo, lo mas probable es que se hayan caído…, algo no parecía encajar, fue mi ultimo pensamiento antes de cambiar el foco de la mirada.
Justo a su derecha, un lindo espécimen de patovica, caucásico, de no mas de 30 años, me dije, tipo desequilibrado por los cócteles de hormonas, adicto al gimnasio, hedonista, seguro poseedor de una lista inmensa de mujeres dispuestas a admirar sus músculos, mucho mas allá de la sudadera, y la muerta, pobre muchacha, no podríamos decir que era poco atractiva, pero, para este ejemplar de macho del siglo XXI, no parecía ser una presa potable, aunque nunca se sabe, por el momento quedaría descartado.
Epa, me dije, al ver al tercero, un hombre corpulento, de unos 35 años, rubio, cara de alemanzote, no me gustó nada su cabeza baja, como mirando de reojo, y justo en la mejilla izquierda se notaba como una arañazo…, manos firmes, para una estrangulada , ideal, corpulento, seguro que trabajaba en algo donde debía usar su físico, se me ocurrió, así como también, lo imagino casado hace años, un par de hijos, una mujer sometida y casi monja, cero en seducción y seguramente súper cornuda, este tipo si que no me gustaba, este era capaz de violar a una oveja, fue mi lacónica conclusión, si a alguien tenia entre ojos, por ahora este tenia todos los boletos encima.
Mas allá, casi al filo del banco, lo que podríamos definir como un alfeñique, hombre gris, chiquito, otro profesor de la facultad, seguramente, de contextura física casi risueña, de los que en el colegio secundario definíamos como “el traga”, este, para estrangular a una mina, pensé, necesitaría hacer una licitación para conseguir fuerza, encima, si llega a la casa desaliñado, la gorda, por que seguramente esta casado con una gorda enorme, lo faja de una, no señor, este digno padre de 12 hijos, no tiene la menor pinta de ser el culpable…
Las apariencias, si de algo sirven, inculpan al tercero, el alemán me llevara todo el tiempo, y tendrá que tener una muy buena coartada, si señor.
El café ya hacia rato andaba circulando por mi aparato digestivo, no se cuanto fue el tiempo que me llevo escudriñar a cada uno, pero seguramente era muy útil, mi olfato, sagaz como ninguno, me estaba facilitando la tarea, estaba casi dispuesto a encanar al alemán, para mi ya era el alemán, la suerte había querido que solo estos cuatro fueran los que a esa hora que se produjo el asesinato y la violación, estuvieran en el edificio, afuera la seguridad privada era de mucha confianza, solo los cuatro, únicamente los cuatro, miré el reloj, y faltaban cuatro para las once, era hora de la verdad y yo, en mi mano, la llave para descubrirla, Alemán: sos hombre preso….
Tome del mostrador mi celular, extrañamente callado, mi agenda, el Clarín, y las notas del día, abrí tranquilamente la puerta baja de madera que separaba la antesala del pasillo donde estaban sentados los cuatro, y avance con paso firme, justo cuando iba a llevar al primero hasta mi oficina, de la puerta de la izquierda salio Maria Andrea…que mujer, se cruzo por mi mente, el jefe si que sabe elegir sus secretarias…
Maria Andrea me saludo con un guiño de ojos, siempre lo hacia, y dirigiéndose a los cuatro dijo en voz firme, ¿UDS SON LOS QUE VIENEN POR LA MARCHA DEL ORGULLO GAY?, PASEN POR FAVOR, EL COMISARIO GIMENEZ LOS ATENDERA YA MISMO !!!!, y dándose vuelta, me dijo, OTAMENDI, ahora te hago traer a los del asesinato de la mina de la Facultad, pasa a tu oficina que te los hago traer ya mismo.

1 comentarios:

Gabriela dijo...

El Sr. Otamendi y sus historias deben conformar un libro.
Sr, no cierre el blog, no nos prive de sus poemas y ahora de sus cuentos.
Es nada más que el pedido de una seguidora, seguro que se sumaran a mi comentarios, muchos más.